El hombre al que le salvó su pene

El hombre al que le salvó su pene

Aunque con un enfoque más literario que otras veces en mi blog no puedo dejar de contar a mis queridos cibernautas una historia real de uno de mis pacientes sucedida hace escasos días.

Un buen día, pasando mi consulta de Medicina Sexual atendí a un hombre de 49 años que consultaba por problemas de erección y falta de apetito sexual desde hace varios meses. Como siempre, comienzo preguntándole por su estilo de vida y enfermedades previas. Me cuenta que tiene un trabajo de mucha responsabilidad, con mucho estrés, fuma dos paquetes al día, le sobran varias decenas de kilos y tiene una obesidad muy central (mucha ‘barriga’). Por lo demás, confiesa que se encuentra estupendo y con una salud ‘como un roble’.

Comenzamos a estudiarle pidiendo pruebas y descubrimos que tenía la tensión muy alta y era diabético, algo que él desconocía por completo. Ante esta situación y conocedores de que la disfunción eréctil y la enfermedad coronaria comparten los mismos factores de riesgo (a saber, sedentarismo, obesidad, colesterol alto, tabaquismo, tensión alta, etc.…) decidimos enviarle al cardiólogo para que estudie su caso.

Meses después, el paciente acude a mi consulta y lo primero que hace es darme un abrazo con los ojos llenos de lágrimas…: ”Doctor me ha salvado usted la vida”, me dice entre sollozos. Yo, tremendamente sorprendido, pensaba que se trataba de una broma, y le pregunté: “¿por qué?”.

Resulta que el cardiólogo le había realizado diversas pruebas descubriendo que tenía tres arterias del corazón cerradas. Él nunca se había notado nada, no había tenido ningún síntoma. Para solucionarlo le habían colocado unos muellecitos (stents) dentro de las arterias del corazón para abrirlas y permitir que pasara la sangre. De no haber sido así, probablemente habría sufrido un infarto en los próximos meses.

En fin, una bonita historia con final feliz sobre cómo, en muchas ocasiones, la disfunción eréctil es una señal de alarma que nos indica que algo no marcha bien en nuestro cuerpo; como una ‘lucecita’ en el coche que nos dice que hay que ponerle aceite. Sabemos que los problemas de erección pueden preceder entre tres y cinco años a un episodio de infarto agudo de miocardio.

Por eso, lejos de ocultarlo, relativizarlo o buscarle excusas ridículas hay que ir al médico para poder solucionarlo y, en segundo lugar, buscar las causas que, como en este caso, están detrás del problema. A veces, esta vilipendiada profesión tiene este tipo de satisfacciones.

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Entrada publicada originalmente en http://www.elmundo.es [/announcement_box]

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